La soberanía digital europea es un espejismo mientras sigamos fragmentados

Hace más de un año, Benjamin Hermann, CEO de Zoi, publicó un artículo demoledor en LinkedIN titulado «Leave the Room» en el que básicamente venía a decir que cualquiera que afirme tener una alternativa europea viable a los hyperscalers estadounidenses, o no entiende el mercado o te está vendiendo humo. Y que si te lo dice en serio, lo mejor que puedes hacer es levantarte y salir de la sala.

Comparto su diagnóstico al 200%. Pero no su conclusión.

Llevo casi tres décadas construyendo infraestructura de internet en España. Desde los tiempos de Fidonet y las BBS, varios proveedores de hosting a mis espaldas, hasta cofundar Stackscale, donde operamos infraestructura cloud privada con centros de datos en Madrid y Ámsterdam bajo jurisdicción europea. He visto nacer este sector, he visto cómo Europa perdía posiciones año tras año, y he visto cómo cada intento de reacción se quedaba en papel mojado. Pero también sé, porque lo vivo cada día, que la tecnología y el talento europeo existen. Lo que falta es otra cosa.

Los números que nadie quiere mirar a la cara

AWS, Azure y Google controlan más del 70% del mercado cloud europeo. Los proveedores europeos hemos pasado del 27% de cuota en 2017 a un 15% que se ha estabilizado — si es que a eso se le puede llamar estabilización y no simplemente tocar fondo. OVHcloud, el mayor proveedor europeo, factura menos de 1.000 millones de euros al año. AWS facturó 107.600 millones de dólares en 2024. Más de cien veces más.

Y aquí viene lo que más duele: los hyperscalers estadounidenses invierten más de 10.000 millones de euros cada trimestre solo en infraestructura europea. Cada trimestre. Más que lo que todos los proveedores europeos juntos invertimos en un año entero. Microsoft sola invierte 3.200 millones en centros de datos en Alemania, mientras que toda la industria cloud alemana invierte unos 2.000 millones anuales.

El 92% de los datos europeos se almacena en servidores controlados por empresas estadounidenses. Y no es solo una cuestión de dónde están los servidores: el 85-90% de la tecnología que hay dentro de cualquier centro de datos europeo — incluidos los nuestros en Stackscale — es americana. Intel y AMD controlan el 95-100% de los procesadores de servidor. NVIDIA tiene el monopolio absoluto en GPUs para IA. Cisco domina el networking con casi el 77% del mercado global.

Esto significa algo incómodo que hay que decir en voz alta: incluso cuando una empresa elige un proveedor europeo como Stackscale, la cadena de suministro de hardware sigue siendo fundamentalmente estadounidense. Es una dependencia de doble capa que nadie parece querer abordar de verdad.

El director legal de Microsoft Francia lo dijo bajo juramento

En noviembre de 2025 ocurrió algo que debería haber sido un terremoto, pero apenas generó ruido: el director legal de Microsoft Francia, Anton Carniax, reconoció bajo juramento que la compañía no puede garantizar que los datos de ciudadanos franceses no sean transferidos a las autoridades estadounidenses sin autorización francesa explícita.

Bajo juramento. No puede garantizarlo.

Y no es que Microsoft sea especialmente mala en esto. Es que la US CLOUD Act obliga a cualquier empresa estadounidense a entregar datos almacenados en sus servidores cuando el gobierno de EE.UU. lo solicite, da igual en qué país estén físicamente esos datos. Esto convierte en papel mojado cualquier promesa de «sovereign cloud» que venga de un hyperscaler americano. Son soluciones de marketing, no de soberanía real.

En Stackscale operamos como empresa europea, bajo jurisdicción europea, con datos que nunca salen de territorio europeo. Cuando digo soberanía, no es un claim de marketing: es una realidad jurídica. Y eso es exactamente lo que ningún hyperscaler americano puede ofrecer, por muchos centros de datos que abran en Frankfurt o en Madrid.

Lo que nos enseña Stackscale sobre lo que Europa sí puede hacer

Desde Stackscale, como parte de Grupo Aire, llevamos años demostrando algo que el discurso derrotista ignora sistemáticamente: que se puede hacer cloud europeo competitivo, fiable y de primer nivel. Nuestros clientes — desde startups hasta grandes cuentas que necesitan cumplimiento normativo estricto — nos eligen no por patriotismo, sino porque la propuesta de valor funciona: proximidad, control real sobre los datos, jurisdicción europea, soporte humano directo y rendimiento que no tiene nada que envidiar a los grandes.

¿Tenemos la escala de AWS? Obviamente no. Pero la pregunta correcta no es si un solo proveedor europeo puede igualar a AWS. La pregunta es si Europa, coordinándose de verdad, puede construir un ecosistema que cubra las necesidades del mercado europeo. Y la respuesta es sí, si se hace con la misma lógica que se usó para crear Airbus.

Lo que veo en el día a día es que cada vez más empresas españolas y europeas se plantean repatriar cargas de trabajo críticas a proveedores europeos. No por moda ni por regulación, sino porque la geopolítica les ha enseñado que tener todos los huevos en la cesta de un proveedor sujeto al derecho estadounidense es un riesgo de negocio real.

Gaia-X, CADA, EuroStack: ¿esta vez va en serio?

La historia reciente de Europa en esto es un catálogo de buenas intenciones mal ejecutadas. Gaia-X nació con la ambición de ser la respuesta europea y acabó con AWS, Azure y Google como miembros del propio consorcio. Los críticos la llamaron «alianza de perdedores» desde el principio, y aunque incluir a los hyperscalers tenía cierta lógica pragmática, el resultado ha sido que la iniciativa se ha diluido hasta la irrelevancia práctica.

Pero algo ha cambiado en los últimos meses, y merece atención. En noviembre de 2025, Francia y Alemania convocaron una Cumbre de Soberanía Digital Europea con compromisos concretos y un grupo de trabajo conjunto. La iniciativa EuroStack, nacida en el Parlamento Europeo en septiembre de 2024 e impulsada por voces como Cristina Caffarra, Francesca Bria y CEOs de empresas europeas como Nextcloud, Proton y Ecosia, ha ganado tracción política real: aparece en el programa de coalición del gobierno alemán y ha sido reconocida oficialmente en múltiples foros institucionales. Su estimación: se necesitan unos 300.000 millones de euros en una década. Suena a mucho, pero Europa gasta 264.000 millones al año en proveedores tecnológicos extranjeros. En poco más de un año de lo que ya gastamos, financiaríamos una década entera de soberanía digital.

Y luego está el Cloud and AI Development Act (CADA), previsto para este 2026. A diferencia de todo lo anterior, CADA es legislación vinculante basada en el Artículo 114 del TFUE. No un framework voluntario, no unas directrices, no otro Gaia-X. Sus objetivos: triplicar la capacidad de centros de datos de la UE en 5-7 años, simplificar permisos, establecer requisitos de soberanía para la contratación pública y crear un esquema de certificación cloud europeo.

Como dice Christoph Strnadl, CTO de Gaia-X: ninguna empresa estadounidense puede garantizar que el gobierno de EE.UU. no acceda a tus datos. Para datos críticos, jamás deberías usar una empresa estadounidense. Soberanía significa tener opciones estratégicas, no hacerlo todo tú mismo.

España tiene un papel clave que jugar

Y aquí es donde quiero poner el foco, porque se habla mucho de Francia y Alemania, pero España tiene cartas muy potentes en esta partida.

Nuestro mercado cloud crece al 21,6% anual, el más rápido de Europa según las proyecciones. España está emergiendo como uno de los destinos más atractivos para centros de datos hiperescala en Europa, con un crecimiento proyectado del 12,5% anual hasta 2031. Tenemos ventajas competitivas reales: energía renovable abundante, clima favorable para eficiencia energética, conectividad con Latinoamérica y el norte de África, talento técnico a costes competitivos y ubicación geográfica estratégica.

AWS ya anunció una inversión de 7.800 millones de euros en una región en Brandeburgo, pero España está en la lista de todos los hyperscalers para expansión. La pregunta es: ¿vamos a ser solo receptores pasivos de centros de datos americanos, o vamos a usar este momento para construir capacidad propia?

Desde Stackscale llevamos años operando infraestructura cloud en Madrid con tecnología Proxmox, demostrando que no hace falta VMware (ahora Broadcom) ni depender de licencias estadounidenses para ofrecer virtualización de primer nivel. Es un ejemplo pequeño pero significativo: cuando Europa tiene alternativas open source competitivas, debería usarlas.

España, además, tiene el ecosistema. Empresas como Stackscale, Tenocrática, Comvive, Arsys, Gigas, acens, dinahosting, Telefónica Tech y otros tantos que tienen capacidad técnica real. Lo que no tenemos es un marco de coordinación que nos permita operar como un ecosistema integrado en lugar de como competidores fragmentados peleándonos por las migajas que dejan los grandes.

Lo que realmente necesitamos: pensar como Airbus, no como 27 aerolíneas de bandera

Hermann lo dice en su artículo y yo llevo años diciéndolo: la fragmentación es nuestro mayor enemigo. Europa no tiene un problema de talento, ni de dinero, ni siquiera de tecnología — tiene un problema de escala provocado por la insistencia en tener campeones nacionales en lugar de construir un campeón europeo.

Cuando se quiso competir con Boeing, no se crearon 27 fabricantes de aviones nacionales. Se creó Airbus. Cuando se quiso hacer física de partículas de primer nivel, no se construyeron 27 aceleradores nacionales. Se creó el CERN. Esos proyectos funcionaron porque se entendió que ciertas cosas solo se pueden hacer a escala continental, con inversión coordinada y visión a largo plazo.

El cloud y la infraestructura digital son exactamente ese tipo de proyecto. Y el timing es ahora. La IA generativa está acelerando todo: representa el 50% del crecimiento del mercado cloud desde 2022. AWS planea invertir entre 100.000 y 105.000 millones de dólares solo en 2025 — más que el valor del mercado cloud europeo completo. Cada trimestre que pasa sin un movimiento europeo real, la brecha se hace más profunda.

El contexto geopolítico ha cambiado de forma radical. La administración Trump ha demostrado que EE.UU. está dispuesto a instrumentalizar las dependencias tecnológicas como palanca política. Esto ya no es un debate académico sobre soberanía: es una vulnerabilidad estratégica real que, por fin, los gobiernos europeos empiezan a tomarse en serio.

Qué hay que hacer, sin paños calientes

Lo que necesitamos no es otro framework, ni otra cumbre, ni otro consorcio con 200 miembros donde las decisiones se diluyen por consenso:

Escala real, no fragmentación disfrazada de diversidad. Consolidar esfuerzos, crear consorcios europeos de infraestructura cloud que operen como una sola entidad a escala continental. Proveedores como Stackscale, OVHcloud, Telefónica, Hetzner, Scaleway, IONOS y otros tenemos que encontrar la forma de interoperar y presentar una oferta conjunta que sea creíble frente a los hyperscalers.

Compra pública europea decidida. Si los gobiernos europeos no usan infraestructura europea para sus servicios críticos, ¿por qué debería hacerlo nadie? La contratación pública es la palanca más potente que tenemos y la estamos desperdiciando.

Inversión industrial con lógica Airbus. Europa necesita fondos de inversión en infraestructura digital coordinados a nivel continental, no programas de ayudas fragmentados entre 27 estados que nadie coordina.

Honestidad sobre las dependencias. Sí, nuestros servidores llevan procesadores Intel y AMD. Sí, nuestras GPUs son NVIDIA. No podemos cambiar eso mañana. Pero podemos construir la capa de servicios y operaciones bajo jurisdicción europea e invertir en alternativas a medio plazo: RISC-V, los procesadores de SiPearl, el EU Chips Act.

Tratarlo como lo que es: infraestructura crítica. Igual que nadie discute que Europa necesita defensa propia, infraestructura energética propia y sistema financiero propio, necesitamos aceptar que la infraestructura digital es del mismo nivel estratégico.

La pregunta no es si Europa puede. Es si Europa quiere.

Quiero ser claro: esto no va de odiar a los americanos ni de cerrar fronteras digitales. Va de que Europa tenga alternativas reales y competitivas. Va de que cuando el director legal de Microsoft admite bajo juramento que no puede garantizar la privacidad de tus datos frente al gobierno de EE.UU., tengas otro sitio donde ir.

Los hyperscalers americanos son buenos. Son muy buenos. Tienen escala, tienen tecnología, tienen décadas de ventaja. Pero la idea de que no se puede competir con ellos es derrotismo autocomplaciente.

Hace un año Hermann decía que si alguien te ofrece una alternativa europea creíble a los hyperscalers, te levantes y salgas de la sala. Yo digo algo diferente: si alguien te dice que Europa no puede construir esa alternativa, sal de la sala tú. Porque esa persona no ha entendido que no es una cuestión de capacidad, sino de voluntad y coordinación.

Desde Stackscale, desde España, desde el ecosistema europeo de infraestructura que conozco por dentro, lo tengo claro: la tecnología está, el talento está, el mercado está. Lo que ha faltado siempre es la voluntad política de hacer las cosas a la escala que se necesitan.

Cada trimestre que pasa sin un movimiento europeo real, coordinado y a escala continental, la dependencia se hace más profunda, más estructural y más difícil de revertir. O construimos nuestro propio ecosistema ahora, o seremos eternamente dependientes de decisiones tomadas fuera de nuestras fronteras.

La elección es nuestra. Pero el tiempo se agota.